abotonandose las...

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ideas

lunes, 27 de septiembre de 2010

BUENOS AIRES Y LA BIBLIOTECA NACIONAL












Soy un punto invisible, insignificante.

Andando de aquí para allá sin saber qué hacer, comiendo en restaurantes de corrientes pizzas baratas, preguntando de revistero en revistero que hacer con mi vida, que subte coger… coger no se dice acá, te miran mal…
Con la guía T en la mano, siempre con la cabeza vacía y un mundo a mil cacheteándome la cara.

Aquí las parejas se dan besos tan apasionados en las calles que parece que no se volvieran a ver, uno camina al lado de ellos y siente como el tiempo se les suspende mientras se lo están dando. Es tan apasionado que emanan hasta la banda sonora del momento. Los seres grises que pasamos a su lado al verlos nos sentimos egoístas de la envidia que nos da.

Ahora el tren esta en movimiento

Los ascensores acá tienen hasta cero. Las llaves de las casas son como llaves de castillos, se meten en un hueco oscuro vos las giras y las puertas se abren.
En los buses metes las monedas a un contenedor y él se las traga solas. No hay números de carreras y calles, hay alturas, todas las calles tienen nombres. Casi todos los jóvenes de clase media baja tiene piercings cerca a la boca emulando el lunar de Marilyn Monroe y las viejitas y los gatos son las plagas que inundan Buenos aires. Nunca tantos gatos y viejitas juntos. La Biblioteca Nacional

En la calle Sanz Peña el colectivo 60 hasta Agüero y las Heras… objetivo: Biblioteca Nacional

Antes de llegar a clase me topo con 20 gatos que adornan el parque de la biblioteca. Nunca había vivido en un país con invierno, miro los arboles despojados de sus hojas y me acuerdo que es porque Perséfone y Dioniso están en el hades. Me la paso pensando en qué podría ser un mito mientras voy en el colectivo y veo la gente vivir mientras yo también vivo.

El salón está compuesto por diez viejitas porteñas ansiosas por inundarse de conocimiento. Gracias a ellas terminamos por un mecanismo intelectual estableciendo una situación ritual.

Ahora sigue el señor Turpin. Su existencia eriza. Su corporalidad suspendida, sus manitos horizontales explicando por qué esta en clase, la timidez tierna que respira, su bolsa de plástico gris y su cuadernito amarillo. Ver como contempla los apuntes que acaba de anotar. El conocimiento para él es como un viento orgásmico que atraviesa su piel, por eso se queda inmóvil haciendo que ese viento penetre por todos los poros de su piel.

El señor Turpin se volvió huraño con las moneditas, porque todos dicen en Buenos Aires que hay pocas, pero la verdad es que todos son huraños con las moneditas, como piensan que se pueden acabar, nunca se las cambian entre sí, siempre guardan el mayor numero de moneditas para siempre tener como montarse a un colectivo o meter una monedita donde sea, por que cuando el señor Turpin se queda sin una monedita en Buenos Aires, nadie le da cambio en la calle. Solo si el señor Turpin compra algo, existe la posibilidad de que le devuelvan con moneditas. Así que el señor Turpin decidió vivir el cambio. El señor Turpin en su país de origen hacía circular por su mantra dinerico (dinero que tocas, es tuyo y después no lo es) todas las moneditas, sabía que así como se iban, volvían, de hecho le sobraban las moneditas, y no le gustaba andar con tantas moneditas. Y así como él le pagaba a veces a una persona solo con moneditas para deshacerse de ellas, a él también le devolvían y lo encartaban con las moneditas. Nunca una moneda falto, y si faltaba alguien la regalaba. Lo que le gustaría saber al señor Turpin es quien comenzó con el chisme de que las moneditas en Buenos Aires se iban a acabar. El señor Turpin ah decidido inconscientemente quedarse con todas las moneditas que le lleguen a la mano, solo usarlas para el colectivo y nunca pagar algo con ellas que se pueda pagar con billetes. Ahora tiene muchas moneditas pero cuando le piden cambio dice que no tiene. La ciudad le ha inculcado la costumbre de ser huraño con las moneditas.

lunes, 13 de septiembre de 2010

Andar

OBSERVANDO EL MUNDO CON LOS OJOS DE ELLOS
Existimos en espacios de tiempo similares a bombas de jabón… hay pedazos de mi que se quedan con algunos seres, seres que se toparon en mi camino, con realidades distintas, con esencias genuinas, capaces de despertar semillas de purificación humana en una mente tan cerrada como la mía, despertares fecundos, recuerdos que me animan a pararme cada día, a asimilar mi felicidad y al mismo tiempo mi vida de otra forma, entender de una manera más sencilla porque sigo caminando, porque me acobijo con sus compañías, son medios de protección, estén o no estén a mi lado, existen en mi recuerdo, acompañan mi piel y entro en otra realidad. Una realidad agradecida.

“Aunque parezca extraño y poco difundido la discapacidad ha tenido una connotación positiva: es el caso de la civilización romana, que considera a las personas con algún tipo de discapacidad mental como seres designados por los dioses a quienes se debían tributos; asimismo, ocurre en la antigüedad maya, en donde se veía a las personas con discapacidad con un carácter sagrado y un status más alto que el resto de las personas. En la actualidad, en algunas culturas del norte de México y Botswana, el nacimiento de un niño con discapacidad evidencia la confianza que tiene Dios en la habilidad de sus padres para cuidarlo”
Andrea Markovits


¿En la época primitiva había “discapacitados”? Hay una suerte de ecuación que me ronda la cabeza hace unos cuantos días, a partir de mi desempeño laboral e dos lugares muy distintos. Uno es la granja Andar, una asociación cuya misión es la de Generar oportunidades innovadoras para el desarrollo creativo del potencial de las personas con discapacidad a través del trabajo, el deporte, la cultura y la salud, y el otro lugar es un bar de Buenos Aires Ubicado en Palermo Hollywood, que frecuentan asiduamente los estratos altos de la ciudad. La ecuación es la siguiente: A mayor belleza, riqueza y compañía social, mayor discapacidad para la felicidad. Y a mayor “discapacidad” corporal o “mental” (y lo pongo en comillas por qué no estoy muy de acuerdo con estos términos) mayor bondad y felicidad. EL no tener algo, el carecer de algo que te reclama la sociedad en la que vivís ya sea una carencia mental, estética, económica o social se genera una cierta vulnerabilidad y una característica bondadosa y noble en el individuo.
Otra de las reflexiones que me asaltan constantemente a partir de mi trabajo en estos dos lugares es el comportamiento regular de los seres humanos. Las leyes que lo dictaminan, el perfeccionamiento estético del comportamiento humano. La belleza al hablar, al moverse, al vestirse, al sonreír, al usar determinada voz o determinada mirada en x o y situación. Un patrón de conducta que consiente e inconscientemente nos marca a los llamados “normales”. No existe una verdadera expresión de lo que sentimos a cada momento que podamos sacar por nuestro cuerpo o por nuestra voz, estamos encasillados a una manera de ser dentro de lo “normal”. No se puede reaccionar ante algo de una manera distinta.
Durante mi estancia en la granja la palabra autenticidad se manifiesta de una manera distinta a como la he concebido. Es un mundo donde cada quien se toma la libertad, para ser, para mirar, para emitir cualquier sonido, para dejar que se caiga una baba, para expresar sus emociones de una manera digámoslo así, primitiva, sin el sello del patrón civilizado de comportamiento. Y aparecen a mi lado emociones y cuerpos más genuinos, más auténticos, mas desatados sin esa camisa de fuerza que nos ata a los demás. Cabe anotar que también existen el lado extremo de esta expresividad, chicos que han sido tan reprimidos en sus núcleos vitales que perdieron o que nunca han desarrollado ningún tipo de expresión así que se convierten en un objeto sin salida de aire, a causa de la sociedad discapacitada en la que se mueven que nunca les ha brindado las herramientas necesarias para construir esa ventana expresiva.

domingo, 12 de septiembre de 2010

POMPEYILANDIA





Primera Clase
No saludo ni presentó a nadie, caminando con pasos largos, con un mate en una mano y en la otra un termo comenzó la clase…
“Busquen un lugar en el espacio”
Todo desde que habló era muy místico, no sé si por la atmósfera que construyen sus alumnos o por que trabaja con focos de luz muy cerrados, puntuales en un escenario, lúgubre derruido y muy oscuro.
Propuso comenzar a mover la cadera hacia distintos lugares lentamente hasta encontrar una posición con todo el cuerpo… recuerdo que la finalidad era recrear posiciones dramáticas que el rostro también ayudara a construir con el cuerpo, mascaras teatrales fuertes.
Yo no dejaba de pensar en construir la imagen de la gente pidiendo limosna en los subtes, luego armaba una posición en la que me agarraban los brazos por atrás y me llegaba la imagen de Antonio en frente de mío y yo con ganas de agarrarlo pero con las manos atadas.
Me es difícil hacer este tipo de ejercicios teatrales solo con ayuda de todos los instrumentos externos que tengo, siento que estoy haciendo teatro como cuando estaba en quinto de primaria, que mi aparato físico se trabajaba, pero que no tenía nada que ver con mi aparto espiritual y con la sensibilidad con la que observo la vida en la que ando.
De esas dos imágenes no me movía, eran las únicas que me evocaban figuras dramáticas verdaderas.
Después estaba el ejercicio de moverse lentamente en posiciones similares a la anterior pero haciendo una especie de sottovoce perteneciente a una pandilla de draculas que vagaban en el espacio dramatizando con su aliento.
Todos los alumnos hacían caras de hienas queriendo comerse una presa, todos malos, todos al acecho de algo, no sé si así lo actúa Pompeyo, lo que yo no entendía era porque todos actuaban igual.
Para mí era una clase de actuación relacionada íntimamente con sueños oscuros.
Luego de movernos por todo el espacio como indique anteriormente, Pompeyo plantea algo similar algo que se estudia en la escuela, no sé muy bien cómo explicarlo, digamos que es una yuxtaposición de puntos en un espacio pequeño, los puntos serian personas que están situadas en determinados espacio que el predispone como un cuarto donde hay una cama, un tapete, un espejo y una pared con un foco de luz muy cerca, para mi es todo muy confuso, pero ese ejercicio como los demás me recuerda a cuadros de Caravaggio donde el recrea escénicamente cuerpos que estén de alguna manera conectados físicamente y con un equilibrio escénico, Ejemplo, cuatro actores en el espacio determinado, si uno de un extremo está parado y el otro está arrodillado, al otro lado debe haber una posición similar, y en un momento dos de los dráculas en sottovoce cambian de bando lentamente y casi a la misma vez, deteniéndose en la mitad por un momento. Repito una vez más, no sé para qué sirve este ejercicio. Este ejercicio lo plantea en los espacios que les nombre anteriormente. Luego todos los alumnos vamos a uno de estos lugares y realizamos el ejercicio y comenzamos a cambiar de lugares y a pertenecer a cuadros distintos. La idea es que exista una conexión grupal que nos haga en un momento a todos quedarnos en detención colectiva y luego seguir con el ejercicio.

Es interesante la relación tan intima que se establece con los demás compañeros, con el cuerpo y con la mirada.
Luego de este ejerció se piden 5 voluntarios a que vayan a interactuar de la misma manera dentro del tapete con dos elementos nuevos, una silla y una tela. Luego de estos ejercicios, el dio apuntes que me dieron una luz con respecto a la finalidad de la clase. Habla de una actuación primitiva en la que los actores se relacionaban en escena pero de esa manera no existían acentos, ni culturas, ni situaciones, ni personajes, ni pensamientos, relaciones primitivas, y era cierto. Dentro del curso hay argentinos, colombianos y estadounidenses y cuando se hacia ese ejercicio no sabía nadie de donde era. En su discurso me acuerdo que pronunciaba muchas palabras extrañas, pero en la que me quede pensando fue en la “meta temática”.

Luego llego un ejercicio donde la idea es construir situaciones, con los mismos esquemas corporales pero usando la palabra, sin embargo esta tenía que estar rota. Yo entendí como rota decir palabras inexistentes, o existentes pero haciéndoles alguna variación, sin embargo era proponer una situación totalmente inentendible dentro del tapete, con una silla y un armario donde podían caber varias personas. Para mí fue una poesía inentendible llevada a movimientos escénicos, vi de todo, más que todo peleas amorosas. Algo así como, “Las sombras están dentro de los susurros que pare mi vientre lleno de mariposas anárquicas que pretenden acabar con tus ojos” y el otro le respondía otra serie de palabras parecidas, se desataban situaciones a veces divertidas porque dentro de lo ilógico había atisbos de coherencia pero nada realmente lógico.


Yo no pasé, me dio susto, decir palabras por decirlas, además que se poco del lenguaje poético y me trabo intentando decir algo incongruente y poético pero no traído de los cabellos como por ejemplo “sos la piña que me produce gonorrea en este anden lleno de cucarrones que salen de mi mano”.
El último ejercicio me gusto mucho, no lo entendí, pero me gusto, parece que el arte radica en no entender, vamos viendo con el tiempo que sucede.
Pompeyo pone una mesa y una silla en el escenario y sobre la mesa despliega muchos papeles que la cubren por completo, creo que con textos poéticos (ese ejercicio tampoco pasé) y la persona se sienta y comienza a tomar dos palabras máximo de cada una de las hojas y a unirlas en su lectura en vos alta con otras os palabras de otra hoja, el por partes mete la cucharada y le pide al actor que siga realizando el ejercicio pero que meta muletillas como “recuerdo que…”
Y bueno… ahí vamos
Este hombre desvirtualiza totalmente el naturalismo, dice que el teatro no puede ser un espejo de la realidad si no el puño que rompe el espejo, la metáfora me gusta pero no la termino de entender, que hay que desterritorializar el teatro y que la única manera es con la poesía…