OBSERVANDO EL MUNDO CON LOS OJOS DE ELLOS
Existimos en espacios de tiempo similares a bombas de jabón… hay pedazos de mi que se quedan con algunos seres, seres que se toparon en mi camino, con realidades distintas, con esencias genuinas, capaces de despertar semillas de purificación humana en una mente tan cerrada como la mía, despertares fecundos, recuerdos que me animan a pararme cada día, a asimilar mi felicidad y al mismo tiempo mi vida de otra forma, entender de una manera más sencilla porque sigo caminando, porque me acobijo con sus compañías, son medios de protección, estén o no estén a mi lado, existen en mi recuerdo, acompañan mi piel y entro en otra realidad. Una realidad agradecida.
“Aunque parezca extraño y poco difundido la discapacidad ha tenido una connotación positiva: es el caso de la civilización romana, que considera a las personas con algún tipo de discapacidad mental como seres designados por los dioses a quienes se debían tributos; asimismo, ocurre en la antigüedad maya, en donde se veía a las personas con discapacidad con un carácter sagrado y un status más alto que el resto de las personas. En la actualidad, en algunas culturas del norte de México y Botswana, el nacimiento de un niño con discapacidad evidencia la confianza que tiene Dios en la habilidad de sus padres para cuidarlo”
Andrea Markovits
¿En la época primitiva había “discapacitados”? Hay una suerte de ecuación que me ronda la cabeza hace unos cuantos días, a partir de mi desempeño laboral e dos lugares muy distintos. Uno es la granja Andar, una asociación cuya misión es la de Generar oportunidades innovadoras para el desarrollo creativo del potencial de las personas con discapacidad a través del trabajo, el deporte, la cultura y la salud, y el otro lugar es un bar de Buenos Aires Ubicado en Palermo Hollywood, que frecuentan asiduamente los estratos altos de la ciudad. La ecuación es la siguiente: A mayor belleza, riqueza y compañía social, mayor discapacidad para la felicidad. Y a mayor “discapacidad” corporal o “mental” (y lo pongo en comillas por qué no estoy muy de acuerdo con estos términos) mayor bondad y felicidad. EL no tener algo, el carecer de algo que te reclama la sociedad en la que vivís ya sea una carencia mental, estética, económica o social se genera una cierta vulnerabilidad y una característica bondadosa y noble en el individuo.
Otra de las reflexiones que me asaltan constantemente a partir de mi trabajo en estos dos lugares es el comportamiento regular de los seres humanos. Las leyes que lo dictaminan, el perfeccionamiento estético del comportamiento humano. La belleza al hablar, al moverse, al vestirse, al sonreír, al usar determinada voz o determinada mirada en x o y situación. Un patrón de conducta que consiente e inconscientemente nos marca a los llamados “normales”. No existe una verdadera expresión de lo que sentimos a cada momento que podamos sacar por nuestro cuerpo o por nuestra voz, estamos encasillados a una manera de ser dentro de lo “normal”. No se puede reaccionar ante algo de una manera distinta.
Durante mi estancia en la granja la palabra autenticidad se manifiesta de una manera distinta a como la he concebido. Es un mundo donde cada quien se toma la libertad, para ser, para mirar, para emitir cualquier sonido, para dejar que se caiga una baba, para expresar sus emociones de una manera digámoslo así, primitiva, sin el sello del patrón civilizado de comportamiento. Y aparecen a mi lado emociones y cuerpos más genuinos, más auténticos, mas desatados sin esa camisa de fuerza que nos ata a los demás. Cabe anotar que también existen el lado extremo de esta expresividad, chicos que han sido tan reprimidos en sus núcleos vitales que perdieron o que nunca han desarrollado ningún tipo de expresión así que se convierten en un objeto sin salida de aire, a causa de la sociedad discapacitada en la que se mueven que nunca les ha brindado las herramientas necesarias para construir esa ventana expresiva.
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ResponderEliminarEl blog y el texto tienen una estructura narrativa similar a la que se emplea en los Simpsons. Este comentario no contrastará con esta estructura.
ResponderEliminarLa vida, no lo he dicho yo, es un "jardín de senderos que se bifurcan". Lo repito constantemente y me lo digo con frecuencia a mí mismo: "un jardín de senderos que se bifurcan". En cada paso una nueva bifurcación, en cada palabra un nuevo nodo y cientos de posibilidades para continuar. Al final, el mismo destino.
De la expresión, de lo que callamos, de lo que no sabemos decir, me ha quedado en la vida un gran vació, una fuerte discapacidad. Tal vez pagaría con porciones de mi alma a la persona que me enseñara a sonreír y a realmente reír. Quisiera un "curso rápido para aprender a sonreír".
Esperaré nuevas entradas.
Saludos desde alguna parte!